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Por lo que al consumo de agua se refiere, España se divide en dos zonas: la que opta por el agua embotellada y la que prefiere la del suministro. En la zona occidental del país, sus habitantes se decantan por el agua del grifo, mientras que en el este, se inclinan por el agua mineral.

Respecto a los hábitos de la población de las islas, en  Santa Cruz de Tenerife es donde más dinero gasta el consumidor en agua mineral embotellada. Le siguen el resto ciudades de Canarias, Baleares y Melilla. 

Si nos vamos al otro extremo del mapa, en las provincias del País Vasco la inversión anual en agua mineral es siete veces menor que en las Islas Canarias y tres veces menor que la media nacional,  actualmente calculada en 59 euros al año por hogar.

 

 

La línea divisoria del agua embotellada

 

Los factores que normalmente más influyen en esta diferencia en la elección del agua son dos: la zona geográfica y el gasto económico. En la zona oeste del país, las aguas suelen ser más blandas y de menor contenido en cal. Esto es debido a la composición geológica del suelo, compuesto por las rocas silíceas de las formaciones montañosas.

Como resultado, el agua obtenida en la zona del oeste peninsular, es más apreciada. También suele resultar más económica al no necesitar tanto tratamiento, ya que llega hasta las ciudades impulsada por fuerza de gravedad en la bajada.

Sin embargo, en la parte oriental de la península abundan los terrenos calcáreos que producen aguas duras, con abundante cal, y cuyo tratamiento es más costoso, encareciendo así el recibo del suministro.

No obstante,  resolver el quid de la cuestión no es tan fácil como aparenta. Al menos así lo han revelado los sondeos realizados por Inteligencia Artificial (AIS),  a partir de la ‘Encuesta de presupuestos familiares’ del Instituto Nacional de Estadística (INE).

La encuesta refleja que en regiones con aguas duras como Extremadura, se continúan inclinando por el consumo de agua del grifo. Y en otras regiones como Huesca o Cuenca, donde el agua del suministro es tan buena como en otras  provincias limítrofes, prefieren la embotellada. 

Por lo que respecta al gasto en agua mineral a un nivel municipal, se aprecia que los límites provinciales influyen más que los factores geológicos. Y no solo en lo relacionado al agua que se bebe, sino incluyendo también la que destina para consumo doméstico en general.  

Aún con todo, los estudios siguen respaldando la teoría de que en España existen dos zonas diferenciadas en cuanto a consumo de agua se refiere, y esta línea divisoria la marca la dureza del agua comentada. 

 

 

 

Variaciones en el consumo de agua

 

El gasto en consumo de agua embotellada aumentó un 8,5% entre los años 2015 y 2019, aunque registrando disparidad según la provincia. Huesca estuvo a la cabeza del consumo de agua mineral, duplicando su gasto habitual, y las otras dos provincias aragonesas la siguieron de cerca.

Paradójicamente, en Soria, una provincia cercana a las provincias anteriormente comentadas,  fue el territorio que menos agua mineral consumió, llegando a reducir el gasto hasta un 30%. 

Otro dato curioso observado es que, dependiendo del precio de las comunidades,  un mayor gasto en agua mineral no comporta necesariamente menor gasto en agua de suministro. Este dato fue recopilado a partir del último estudio de tarifas realizado por la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento.

 

 

Los precios del agua más bajos se registran en Castilla y León, curiosamente los lugares en los que menos gastan las familias en suministros de agua: entre  90 y 120 euros anuales.  Los precios más altos corresponden a la zona mediterránea.  Nueve de las 11 provincias que la componen,  en el año 2019 pagaron de media más de 200 euros anuales. La provincia más cara corresponde a las Baleares, donde en cada hogar se desembolsa tres veces más que en Lugo.

En  el caso de la provincia de Madrid, que se caracteriza por la buena calidad de su agua del grifo, el consumo de la misma es mayoritario. También es elevado su gasto en suministro de agua, que roza los 250 anuales. En la capital española se da otra particularidad, y es que, dependiendo de la zona, el coste del agua es mayor.  Por ejemplo, en el norte de la comunidad, el agua procedente de la sierra requiere un coste menor en su tratamiento. Sin embargo, en la mitad inferior de la provincia, el agua es de menor calidad, y por lo tanto, más costosa de tratar.